Hablemos de… La cultura del sacrificio y el silencio institucional en las OSFL
- Equipo de Conde Consulting

- 12 ene
- 4 Min. de lectura

En las organizaciones sin fines de lucro existe una narrativa profundamente arraigada que rara vez se cuestiona: trabajar por la causa justifica cualquier nivel de entrega. La vocación, el compromiso social y el deseo de servir se presentan como virtudes incuestionables, pero en muchos contextos han sido transformados en expectativas permanentes de sacrificio. Con el tiempo, esta lógica ha creado una cultura donde el dolor se normaliza, el cansancio se minimiza y el silencio se convierte en una estrategia de supervivencia.
Así, servir deja de ser una elección consciente y comienza a parecer una obligación sin límites. No porque alguien lo imponga de forma explícita, sino porque el sistema lo refuerza de manera constante.
El sacrificio como regla no escrita
La cultura del sacrificio no suele aparecer en manuales ni políticas institucionales. Mas bien vive en frases cotidianas, en decisiones que no se discuten y en prácticas que se repiten sin cuestionamiento. Se espera disponibilidad total, asumir tareas fuera del rol, responder a urgencias creadas por estructuras ineficientes y sostener emocionalmente procesos que no cuentan con apoyo real.
Descansar se interpreta como falta de compromiso, poner límites se interpreta como una amenaza a la misión, decir “no puedo” se convierte en algo que es mejor no decir.
Desde la literatura organizacional, este fenómeno ha sido descrito como la moralización del trabajo, donde el valor ético de la misión se utiliza para justificar exigencias desproporcionadas y condiciones poco sostenibles. En el tercer sector, esta lógica se intensifica porque el trabajo está cargado de significado social, lo que dificulta cuestionar prácticas internas sin sentirse culpable o desleal.
Cuando el silencio se vuelve institucional
El silencio no surge por casualidad. Este se aprende, se refuerza y se hereda. En muchas OSFL, hablar implica riesgos como ser visto como problemático, poco comprometido o “no alineado con la causa”. Con el tiempo, las personas aprenden qué temas no se tocan, qué preguntas no se hacen y qué incomodidades se guardan.
Este silencio institucional no solo protege estructuras, también perpetúa desigualdades. Juntas directivas ausentes, liderazgos concentrados y procesos poco transparentes crean entornos donde las decisiones se toman lejos de quienes cargan con la ejecución diaria. Mientras algunos definen el rumbo, otros asumen el costo emocional y operativo sin voz real en el proceso. El resultado es un sistema donde el sacrificio se distribuye de manera desigual, pero se presenta como responsabilidad colectiva.
El costo ético de no hablar
Diversos estudios han señalado que las organizaciones sin fines de lucro dependen excesivamente del compromiso personal de su personal para compensar debilidades estructurales. El informe State of Nonprofits 2024 del Center for Effective Philanthropy advierte que una de las principales tensiones del sector es la expectativa constante de “hacer más con menos”, sostenida sobre la entrega continua del personal, sin que esto se traduzca en mejores condiciones, estabilidad o participación en la toma de decisiones.
Desde una perspectiva ética, esta dinámica entra en contradicción directa con los valores que muchas OSFL promueven públicamente. No es coherente hablar de justicia social, dignidad humana o equidad mientras se normalizan prácticas internas que erosionan esas mismas bases. Como plantea Pfeffer (2018), las organizaciones que ignoran el impacto humano de sus decisiones terminan pagando un costo oculto en legitimidad, confianza y efectividad, incluso cuando sus intenciones son nobles.
Romper el pacto del sacrificio silencioso
Cuestionar la cultura del sacrificio y el silencio institucional no es atacar la misión, es protegerla. Implica reconocer que el propósito no puede seguir utilizándose como moneda de cambio para exigirlo todo sin ofrecer condiciones justas, espacios seguros para hablar y estructuras que distribuyan responsabilidades de manera equitativa.
La pregunta incómoda que el sector debe atreverse a formular es simple, pero profunda: ¿Qué estamos normalizando en nombre de la causa?
Una invitación a reflexionar
Esta no es una conversación para señalar culpables individuales, sino para revisar patrones colectivos, mirar con honestidad lo que hemos aceptado como “parte del trabajo” y preguntarnos a quién beneficia ese silencio y a quién perjudica. Ninguna organización que busca transformar la sociedad puede seguir sosteniéndose sobre el cansancio de quienes la hacen posible.
Hablemos de la cultura del sacrificio y el silencio institucional en las organizaciones sin fines de lucro… porque solo al hablar de lo incómodo podemos transformar lo imposible.
Nota: Comprometidos con fortalecer el entorno de las Organizaciones Sin Fines de Lucro (OSFL), presentamos la serie “Hablemos de…”, un espacio de reflexión donde abordaremos temas incomodos y que pocas veces salen a la luz. El propósito de esta serie es sacudir conciencias y provocar conversaciones fuera de la zona de confort, reconociendo que aunque las OSFL existen para mejorar la sociedad, también pueden reproducir los mismos problemas que buscan combatir. No se trata de juzgar, sino de aceptar que estas realidades existen, crear conciencia sobre ellas y trabajar activamente para transformarlas, porque hablar de lo “incomodo” es el primer paso para transformar lo “imposible”.
Referencias
Bunderson, J. S., & Thompson, J. A. (2009). The call of the wild: Zookeepers, callings, and the double-edged sword of deeply meaningful work. Administrative Science Quarterly, 54(1), 32–57. https://doi.org/10.2189/asqu.2009.54.1.32
Center for Effective Philanthropy. (2024). State of nonprofits 2024: What funders need to know. https://cep.org/state-of-nonprofits/
Independent Sector. (2025). Health of the U.S. nonprofit sector. https://independentsector.org/resource/health-of-the-us-nonprofit-sector/
Pfeffer, J. (2018). Dying for a paycheck: How modern management harms employee health and company performance—and what we can do about it. Harper Business.











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